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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Regalos

 Los regalos me los hago yo que me sé. Nunca un regalo satisface mis expectativas. De niña, los que recibía no respondían a deseos manifiestos, pero me alegraban. Los últimos regalos recibidos de mi madre fueron un dinero para que me comprara lo que quisiera. Eso fue acertado. Recuerdo cuando fui con ella a una tienda que entré lo que vendía había libros. Allí elegí uno de Alan Poe. Yo le compré regalos prácticos y no. Actualmente, no suelo recibir sorpresas. Acepto los regalos. Me los quedo.  A mi pareja le da por decir que me regala aquello que he elegido pensando en comprarlo. Nuestros cumpleaños son en días sucesivos. Le doy un dinero para que haga con él lo que quiera. Yo no admito lo mismo. Son dos formas distintas. En algunas circunstancias la comparativa de los regalos recibidos, dentro de una celebración de grupo indica niveles distintos, en cantidad y contenido. No he ajustado nunca este tema. Quien recibe y quien da lo hace dentro de un criterio ponderado. Se dice q...

El monstruo

 La mirada duele cuando en su gesto ves que no aprecia tu existencia. El monstruo que llevas dentro se revela. Amarga existencia. No miras para no ser vista. Escondes tu persona tras un muro inexistente, y caminas entre minas. El mundo hace que te reproches ser quien eres, cuando serlo no corresponde a tu elección. No necesitas ser deforme. Bastará que en su mundo no te quieran. No te acepten. Por el color de tu piel. Por tus olores. Por tu traje y calzado. Por tu gesto.

Refugiados

 La siniestra realidad nos empujaba. No había tiempo. Reaccionar de inmediato podía diferenciar nuestra salvación. Igual nos adelantamos, pero mejor. Exponerse en esas circunstancias no era un juego.  Mejor marchar y buscar esa salida por caminos poco transitados. Tuvimos la suerte a nuestro favor. Si hubiéramos dudado o tardado no lo podría contar. A otros les cortaron las alas, encarcelados o finiquitados. No volvimos jamás. No confiamos. Hay gente que te quiere mal. El exilio es duro. No lo puedes imaginar. Salir con lo puesto. Buscar compañía segura para continuar. En recuerdo de los tíos y primos de mamá. Refugiados en Francia. París.

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 Muchas veces me pregunto sobre el esfuerzo necesario para que una historia escrita vaya más allá, cuando hay tantas que se convierte en grano de arena en una playa. La satisfacción primera es vivirla en el proceso. Imprimir libros tiene el desgaste ecológico de sumar en el descuento.

Ferias y circos

 Fue una rica experiencia vivir en esa calle sin continuidad. Cerca de lo que hoy se mantiene como coso taurino. En su proximidad se instalaban los circos y las ferias. Fue mi oportunidad para imaginar más. Contactaba fácilmente con niñas de feriantes o gente de circo. Las vecinas no entraban en ello. Sólo yo.  Estuve dentro. Allí donde ellos vivían. En su entorno habitual.  Tengo un buen recuerdo de ver el circo como esas amigas fugaces. Allí donde no está el público. Viendo intercambiar unos y otros números de circo. En particular, recuerdo la actuación de los padres de una de estas niñas, volando en trapecios por el aire. Esas amistades quedaban en recuerdos, cuando ya no venían porque estaban en colegios internas.  Yo me acercaba y preguntaba. Les daba recuerdos. En las ferias, mucho tiempo.

Fue

 Desde el ayer no puedes hablarme.  No puedo decirme nada.  Sólo queda que estoy porque estuve.  Transité unas vidas que ya no son mías. Sé que estuve en el barro de lodos reales en una calle, callejón sin asfaltos y apenas iluminado en los retornos de ensayos, con temores que hoy me resistiría a afrontar. Apenas once o doce años. Volver de esas sesiones joteras con las alpargatas de baile y las castañuelas en las manos, siguiendo el curso que me llevaba desde el coso alto al bajo y a nuestra calle. Respirando, en el momento que entraba en el portón al patio y abría la puerta, de aquella que fue nuestra casa hasta aquel verano con dieciséis recientes, en que al fin ya no tocaría atravesar la calle con esa sensación a la espalda.

Fuimos

 Fuimos aves de paso.  En fuga tras poco tramo.  Extraviadas en supuestos amarrados.  Flor de un año.  Paisajes olvidados. Miradas desviadas a otros lados. Pasaron años y añoramos. Recordamos lo que habríamos sido si nos hubiéramos quedado.

Éramos

 Acariciaba mi cara. Pasaba sus dedos sobre mis párpados, deteniéndose en las pestañas, jugando con suavidad. Éramos tan uno por otro. Tan uno. Ahora queda el recuerdo enmascarado y su ausencia. Los años pasan. Las heridas quedan. Vivíamos sin saber que no volverían los besos, que nuestra piel no se fundiría, que los abrazos se perderían. Deberíamos morir cuando todo termina. Tú ya no estás. Yo permanezco bajo techo derruido, en las ruinas de lo que nunca volverá y sin ecos que me permitan respirar. Se ha vaciado mi alma. Los años con su peso me desangran. Me cuesta reconstruir tu mirada. No la miraba como se miran las cosas, me internaba y acomodaba.  Eran momentos sin pausa y sin carga. Instantes de un hoy a mañana crecidos y en calma. No nos dijimos nunca te amo o te quiero. Nos tocábamos, nos olíamos. Nos fagocitábamos uno a otro condensados en unidad.