La siniestra realidad nos empujaba. No había tiempo. Reaccionar de inmediato podía diferenciar nuestra salvación. Igual nos adelantamos, pero mejor. Exponerse en esas circunstancias no era un juego. Mejor marchar y buscar esa salida por caminos poco transitados.
Tuvimos la suerte a nuestro favor. Si hubiéramos dudado o tardado no lo podría contar. A otros les cortaron las alas, encarcelados o finiquitados.
No volvimos jamás. No confiamos.
Hay gente que te quiere mal.
El exilio es duro. No lo puedes imaginar.
Salir con lo puesto. Buscar compañía segura para continuar.
En recuerdo de los tíos y primos de mamá. Refugiados en Francia. París.
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