Fue una rica experiencia vivir en esa calle sin continuidad.
Cerca de lo que hoy se mantiene como coso taurino.
En su proximidad se instalaban los circos y las ferias.
Fue mi oportunidad para imaginar más. Contactaba fácilmente con niñas de feriantes o gente de circo.
Las vecinas no entraban en ello. Sólo yo.
Estuve dentro. Allí donde ellos vivían. En su entorno habitual.
Tengo un buen recuerdo de ver el circo como esas amigas fugaces. Allí donde no está el público. Viendo intercambiar unos y otros números de circo.
En particular, recuerdo la actuación de los padres de una de estas niñas, volando en trapecios por el aire.
Esas amistades quedaban en recuerdos, cuando ya no venían porque estaban en colegios internas.
Yo me acercaba y preguntaba. Les daba recuerdos.
En las ferias, mucho tiempo.
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