Los regalos me los hago yo que me sé.
Nunca un regalo satisface mis expectativas.
De niña, los que recibía no respondían a deseos manifiestos, pero me alegraban.
Los últimos regalos recibidos de mi madre fueron un dinero para que me comprara lo que quisiera. Eso fue acertado.
Recuerdo cuando fui con ella a una tienda que entré lo que vendía había libros. Allí elegí uno de Alan Poe.
Yo le compré regalos prácticos y no.
Actualmente, no suelo recibir sorpresas.
Acepto los regalos. Me los quedo.
A mi pareja le da por decir que me regala aquello que he elegido pensando en comprarlo.
Nuestros cumpleaños son en días sucesivos. Le doy un dinero para que haga con él lo que quiera. Yo no admito lo mismo. Son dos formas distintas.
En algunas circunstancias la comparativa de los regalos recibidos, dentro de una celebración de grupo indica niveles distintos, en cantidad y contenido.
No he ajustado nunca este tema. Quien recibe y quien da lo hace dentro de un criterio ponderado.
Se dice que damos lo que quisiéramos recibir.
No lo vivo así.
Comentarios
Publicar un comentario