Acariciaba mi cara. Pasaba sus dedos sobre mis párpados, deteniéndose en las pestañas, jugando con suavidad.
Éramos tan uno por otro. Tan uno.
Ahora queda el recuerdo enmascarado y su ausencia.
Los años pasan. Las heridas quedan.
Vivíamos sin saber que no volverían los besos, que nuestra piel no se fundiría, que los abrazos se perderían.
Deberíamos morir cuando todo termina.
Tú ya no estás. Yo permanezco bajo techo derruido, en las ruinas de lo que nunca volverá y sin ecos que me permitan respirar.
Se ha vaciado mi alma. Los años con su peso me desangran.
Me cuesta reconstruir tu mirada. No la miraba como se miran las cosas, me internaba y acomodaba.
Eran momentos sin pausa y sin carga. Instantes de un hoy a mañana crecidos y en calma.
No nos dijimos nunca te amo o te quiero. Nos tocábamos, nos olíamos. Nos fagocitábamos uno a otro condensados en unidad.
Comentarios
Publicar un comentario