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Soledad

 Me sentía tan rota que quería dejar de existir. Tenía poco más de veinte años. Un amor fracasado. Una soledad insoportable. Una incapacidad comunicativa absoluta. Tiré de mí y salí. Me salvó pensar en la música. Estando tan rota, ni leía, ni escribía. En un bar de la plaza Real de Barcelona, queriendo acallar mis penas con cerveza, pensé en que la música me libera, porque su ritmo mueve mi alma dejando a un lado las palabras y los límites materiales. Es posible que aquel destrozo emocional tuviera que ver con un desarreglo hormonal. Un embarazo interrumpido, terapéutico, decidido y condicionado. Oculté al mundo todo lo que me acontecía. Me aislé. No confié en aquellas personas que decía eran familia y amigas. Me busqué un pozo oscuro y bajé a él. Medio siglo después miro y quisiera consolarme, cuidarme, arroparme. Ayer el hijo de nuestros vecinos apareció muerto en el suelo de su habitación por la mañana. Lloré al recibir la llamada de su madre. No era muy joven. Cincuenta y pico,...
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¡Sola!

 Me he alejado. Me he alejado tanto que rechazo el contacto. No quiero besos. No quiero abrazos. Ni siquiera mirarme en su espejo. Me alejé sin saberlo. Con reproche. Con rechazo. No quiero a nadie. Nadie me busca. ¡Sola! Allí me queda. Me quedo a la espera de que esto acabe. Que la tierra me trague. No volvería. A la nada me quiero ir.

Saberlo, duele.

 Trascienden los momentos en silencio, si escribo lo que pienso. El ciclo vital transcurre sin ruido y movimiento. Pasan palabras a versos, a historias imaginadas o recuerdos. La noche se afrontó y superó. Un día más. ¿Cuántos vendrán? En descuento, siempre; pero ahora eres consciente. Te ves más cerca que lejos. Cuesta reírle las gracias al verbo de ocurrencia imprecisa. No somos evoluciones. Tenemos las mismas taras. Quien puede se las paga. Lo humano fue ensalzado por las religiones, para tener bajo su credo a la mayor parte, y gozarla como los que dominan y mandan. Las normas y leyes no les mandan, ni contienen. Saberlo, duele. En amargo enfrentarlo y tenerlo presente.

Aceptación

 Aceptación. Qué fácil decirlo. Qué difícil vivirlo. Estar acorde con los movimientos forzados por situaciones complejas fuera de nuestro control. No todo está a nuestro alcance. Nuestra percepción no es exacta. Nuestra mente engaña. No nos sentimos ni vemos cómo en realidad estamos en el momento, y no aceptamos la limitación de nuestro cuerpo. De otros entendemos qué sí y qué no, pero de nosotros no. Desconfiamos de lo que otras personas proyectan sobre nosotros. Queremos valernos y que nos dejen en paz. Pero la vida, si sigue, nos lleva por ese camino, y serán otros quien tendrán que cogernos de la mano para acercarnos a nuestro final. Hemos hecho un mundo para unos cuantos. El resto queda en los márgenes. Hay fuerzas contrarias que presionan en contra y no ven porque pasan sin mirar. Enerva saber el mucho mal que de sus acciones dejan en el camino. Viven creyéndose mejores. Se apropian de la ley y el orden. Controlan recursos y a consecuencia de sus decisiones golpean a muchos.

Raíz

 La raíz de todo en absoluto se ve. Está oculta a la mirada y al pensamiento. Podemos intuir. Podemos conjeturar. No sabremos nada, porque está oculta. Se pueden ver consecuencias. Es posible que haya indicios que nos lo hagan suponer. No estará a nuestro alcance si desconocemos sus antecedentes. Ese comportamiento dispar. Esa actitud. Esa manera de ser. El contexto lo engendró y trazó. Venimos de mundos distintos. Muchas veces creemos pertenecer al mismo. Nadie pasa por el mismo vivencial. No tenemos en común nada. Ni siquiera aquellos que convivimos en un entorno familiar. Ser hermanos nos enfrentaba. Esa guerra se daba en disputas. Entonces nació un sentimiento de unión que el tiempo diluyó. Cambiamos contextos y objetivos. Cada cual por su camino. El conocimiento no hizo el amor. Muchas veces pertenecer a un entorno es aparente. Se te ubica y considera de él. Cargas marcas de origen y pertenencia. Aceptar no es real. Es un amaño o rendición. Vas entre extraños. Construyes un gu...

Realidad

 No hay que imaginar un mundo de leyenda. La leyenda se escribe desde la ignorancia de los hechos. Los hechos alcanzan una realidad mundana difícil de transitar en las luces y sombras de realidad. La realidad arranca en el despertar diario, obligando a cada cual. Puedes evadirte entre vampiros y licántropos. Potenciar impulsos de dominio y sometimiento. Lo palpable te lleva a salir a delante en tu reducto vital. La casa reducida y costosa. Quitarte el hambre y el frío. Soportar la trama encrucijada de una situación que no has podido cambiar. Sales de esa oscuridad buscando entretener tu mente fuera de ella. Usas artificios. Entretienes la carga para que mañana sea un nuevo, repetido, despertar. Nada se desarrolla más allá de tu límite. Te crispa pensar en esa carencia. No soportas la estocada avecinada y descarada. No se ocultan. Se burlan en tu cara. Ya nada les para. Se saben inmunes. Si cae uno, a otro lo levantan. No está a tu alcance salvarte. ¿Por qué entregas tu carne y sang...

¿Cómo ocurrió?

  Un ariete que empuja para echarlo todo abajo. La palabra enlazada con el entendimiento de ser en un tiempo inconcebible. Lo creímos pasado.  Teníamos una idea de avance y mejora. Improbable en nuestra percepción sobre el futuro que hoy es presente. ¿Cómo pudimos dar paso a la barbarie? ¿Cómo pudimos creer que la fuerza que destruye lo ganado en el pasado pudiera conseguir recrudecer las miras de lo vivible? ¿Cómo ocurrió? Retrocede y vuelve a desdeñar vidas. Nos lo contaban como algo que quedó atrás. Lo vivimos en presente y no damos crédito. Este inimaginable está aquí. No hay quien se salve. No quien te salve. El golpe atenta contra toda posible razón.