La raíz de todo en absoluto se ve.
Está oculta a la mirada y al pensamiento.
Podemos intuir.
Podemos conjeturar.
No sabremos nada, porque está oculta.
Se pueden ver consecuencias.
Es posible que haya indicios que nos lo hagan suponer.
No estará a nuestro alcance si desconocemos sus antecedentes.
Ese comportamiento dispar.
Esa actitud.
Esa manera de ser.
El contexto lo engendró y trazó.
Venimos de mundos distintos.
Muchas veces creemos pertenecer al mismo.
Nadie pasa por el mismo vivencial.
No tenemos en común nada.
Ni siquiera aquellos que convivimos en un entorno familiar.
Ser hermanos nos enfrentaba.
Esa guerra se daba en disputas.
Entonces nació un sentimiento de unión que el tiempo diluyó.
Cambiamos contextos y objetivos.
Cada cual por su camino.
El conocimiento no hizo el amor.
Muchas veces pertenecer a un entorno es aparente. Se te ubica y considera de él.
Cargas marcas de origen y pertenencia.
Aceptar no es real. Es un amaño o rendición.
Vas entre extraños.
Construyes un guión para tu función.
Ser diferente y que no se vea, que no se note.
Esa raíz no la ves, pero la sabes.
Evitas entrar en conflicto, si puedes.
Hay quien mejor juega su papel.
Hay quien lo vive con insatisfacción.
Hay quien no le presta atención y sigue disfrutando del aire que respira sin poner nada en cuestión.
Muchas veces planteas lo fácil que sería vivir sin cuestionarse.
Huyes de la sombra que proyecta tu indecisión.
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