No hay que imaginar un mundo de leyenda.
La leyenda se escribe desde la ignorancia de los hechos.
Los hechos alcanzan una realidad mundana difícil de transitar en las luces y sombras de realidad.
La realidad arranca en el despertar diario, obligando a cada cual.
Puedes evadirte entre vampiros y licántropos.
Potenciar impulsos de dominio y sometimiento.
Lo palpable te lleva a salir a delante en tu reducto vital.
La casa reducida y costosa.
Quitarte el hambre y el frío.
Soportar la trama encrucijada de una situación que no has podido cambiar.
Sales de esa oscuridad buscando entretener tu mente fuera de ella.
Usas artificios.
Entretienes la carga para que mañana sea un nuevo, repetido, despertar.
Nada se desarrolla más allá de tu límite.
Te crispa pensar en esa carencia.
No soportas la estocada avecinada y descarada.
No se ocultan.
Se burlan en tu cara.
Ya nada les para.
Se saben inmunes.
Si cae uno, a otro lo levantan.
No está a tu alcance salvarte.
¿Por qué entregas tu carne y sangre, si nada cambia?
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