Que me lean a mí. Qué arrogancia. Ya puedes dar gracias por alguna lectura curiosa. Éramos multitudes. Ahora más. Para que te lean de principio a final tienes que encontrar la tecla que les pueda motivar. Me conformo. Me basta. Vengo de otro tiempo y marcharé más pronto que tarde. No tengo tiempo para dar ese toque que te expande. Volvería a empezar, a pesar de los trances. Eso sólo me lo quedo yo en mi mente, cuando ésta regala lucidez y no se queja de nimiedades que aún me hacen despotricar. El mundo está en su copla. Lo que quiero narrar a pocos, o a ninguno, va a interesar.